Tomar la decisión de separarse suele parecer el momento más difícil. Sin embargo, para muchas personas hay una etapa de la que casi nadie habla: ese tiempo en el que ya habéis decidido separaros, pero seguís compartiendo la misma casa. Es una situación mucho más frecuente de lo que parece, y también una de las que genera más desgaste emocional durante la transición hacia la nueva vida.
Quizá estáis esperando a que termine el curso escolar, a que pasen las Navidades, a encontrar otra vivienda o simplemente al momento que consideráis más adecuado para hablar con vuestros hijos. Mientras tanto, seguís compartiendo casa, rutinas y, en muchos casos, la coparentalidad del día a día.
Desde fuera puede parecer que apenas ha cambiado nada. Pero para vosotros dos, la relación ya no está en el mismo lugar. La separación ya ha empezado entre vosotros, aunque todavía no haya empezado para el resto del mundo.
Puede que hagáis un esfuerzo por mantener la rutina delante de los hijos, aunque por dentro muchas cosas ya hayan cambiado entre vosotros. También puede haber silencios, incomodidad o tensión que intentáis que ellos no perciban.
Habrá días en los que todo parezca más llevadero y otros en los que apenas te salga hablar. A veces la distancia aparece casi sin buscarla y, otras, eres tú quien necesita marcarla para poder sostener esta etapa.
La separación ya ha empezado entre vosotros, aunque todavía no haya empezado para el resto del mundo.
Cada separación es diferente. Hay parejas en las que el enfado ocupa mucho espacio. En otras, lo que predomina es una profunda tristeza o una sensación de distancia emocional que hace que la convivencia resulte extraña. También puede ocurrir que cada uno esté viviendo esta etapa desde un lugar muy distinto. Mientras uno intenta adaptarse a la decisión, el otro quizá todavía está intentando comprenderla.
Seguir viviendo juntos después de haber tomado la decisión de separaros puede resultar profundamente desgastante. Y, sin embargo, es una realidad mucho más frecuente de lo que parece.
Durante un tiempo, es posible que ambos intentéis sostener una normalidad que sabéis que tiene fecha de caducidad. Mientras tanto, seguís compartiendo casa, rutinas y un día a día que, para vuestros hijos, puede parecer el de siempre, aunque entre vosotros la realidad ya sea otra.
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el 79,8% de los divorcios en España en 2024 se resolvieron de mutuo acuerdo. Es un dato que merece la pena tener en cuenta, especialmente en una etapa que puede ser complicada.
Tipo de resolución de los divorcios en España (2024)
Casi 8 de cada 10 divorcios se resuelven de mutuo acuerdo. Un camino que facilita el futuro bajo el nuevo contexto y es mucho mejor para los hijos, si los hay.
Fuente: INE, Estadística de Nulidades, Separaciones y Divorcios 2024
¿Por qué esta etapa puede resultar tan desgastante?
Cuando pensamos en una separación, solemos imaginar dos vidas que empiezan a tomar caminos distintos. Sin embargo, cuando la decisión ya está tomada, pero seguís compartiendo la misma casa, esa separación convive durante un tiempo con una rutina que todavía continúa.
El día a día no se detiene. Hay desayunos, compras, tareas de casa, conversaciones sobre los hijos si los hay y decisiones cotidianas que siguen necesitando resolverse. La rutina continúa, pero convive con la tensión, la tristeza, el enfado, la incertidumbre o la distancia emocional que puede haberse instalado entre vosotros.
La relación ha cambiado, pero muchas de las dinámicas del día a día siguen ahí. Compartís espacios y resolvéis cuestiones cotidianas, aunque poco a poco empecéis a introducir pequeños cambios para coincidir lo menos posible, repartiros determinadas tareas o encontrar espacios para vosotros mismos dentro de una convivencia que todavía continúa.
A todo esto, se suma que muchas de las cuestiones prácticas todavía siguen sin resolverse. La vivienda, los aspectos legales, la futura custodia compartida o la organización familiar aún están por definir.
Es posible que una parte de ti necesite empezar a construir un nuevo proyecto de vida, aunque al mismo tiempo sientas miedo, incertidumbre o incluso no te sientas preparado para hacerlo. Esa convivencia se convierte en un tiempo de transición en el que todavía no habéis dejado atrás la vida anterior, pero tampoco habéis podido empezar la nueva.
Incluso aquellas cosas que antes ya generaban tensión pueden vivirse con mucha más intensidad durante esta etapa.
Quizá buena parte del desgaste que sientes no viene únicamente de la convivencia. Viene de estar intentando vivir dos etapas al mismo tiempo. Una relación que ya ha terminado entre vosotros y una vida cotidiana que, por muchas razones, todavía tiene que seguir funcionando. Comprender esta contradicción no hace que desaparezca la dificultad, pero sí puede ayudarte a entender mejor por qué esta etapa resulta tan exigente.
Cada pareja atraviesa esta convivencia de una manera diferente. Sin embargo, hay situaciones que se repiten con bastante frecuencia y comprenderlas puede ayudarte a vivir esta etapa con algo más de perspectiva.
Lo que suele ocurrir cuando seguís viviendo juntos después de tomar la decisión de separaros
La convivencia necesita nuevos acuerdos
Cada pareja encontrará su manera de organizar esta etapa. No existen unas normas universales que sirvan para todos. A medida que la convivencia cambia, es habitual que aparezcan acuerdos nuevos para adaptarse a una realidad que ya no es la misma.
Ponerlos en práctica, sin embargo, no siempre resulta sencillo. Lo que para uno puede parecer un paso lógico, para el otro puede llegar demasiado pronto o vivirse como una falta de consideración.
Puede ocurrir, por ejemplo, que decidáis repartiros determinadas tareas, reorganizar horarios o daros más espacio para hacer planes por separado. Y, aun así, cuando esos acuerdos empiezan a formar parte del día a día, alguno de los dos descubra que no se siente cómodo con cómo se están llevando a la práctica o que esperaba algo diferente.
Eso no significa necesariamente que alguno de los dos esté actuando mal. Muchas veces simplemente estáis intentando encontrar, a través de una mejor comunicación de pareja, una manera de convivir en una situación completamente nueva, y es normal que algunos acuerdos necesiten revisarse o ajustarse sobre la marcha.
Cada uno puede estar viviendo una separación diferente
Aunque estéis atravesando la misma separación, es habitual que cada uno llegue a este momento con un recorrido emocional diferente.
En muchas separaciones, una de las personas lleva tiempo reflexionando sobre la decisión y, en cierto modo, ya ha recorrido una parte del camino. Para la otra, en cambio, ese recorrido puede empezar cuando la separación empieza a plantearse de forma real o cuando comprende que la decisión va en serio.
También puede ocurrir que uno necesite hablar constantemente sobre lo que está pasando mientras el otro apenas tenga fuerzas para hacerlo. O que uno quiera empezar a reorganizar su vida cuanto antes mientras el otro todavía esté intentando asimilar la separación.
Ninguna de estas reacciones significa necesariamente que una persona esté gestionando mejor la situación que la otra. Para ninguno de los dos suele ser un proceso sencillo; simplemente, cada uno está intentando adaptarse a una realidad nueva desde un lugar diferente.
Entenderlo no hará desaparecer las diferencias, pero sí puede ayudar a reducir expectativas y evitar interpretar automáticamente muchas reacciones del otro. Porque, aunque compartáis la misma casa, no necesariamente estáis viviendo el mismo momento de la separación.
Cuando hay hijos, la convivencia adquiere otra dimensión
Cuando hay hijos, la convivencia después de tomar la decisión de separaros suele volverse todavía más compleja. Ya no se trata solo de gestionar lo que está ocurriendo entre vosotros. También aparece una preocupación constante por el bienestar emocional de vuestros hijos y por el impacto que pueda tener en ellos.
Es habitual preguntarse si están bien, si perciben más cosas de las que parece, cómo les afectará esta etapa o si determinadas decisiones tendrán consecuencias para ellos a largo plazo. También pueden surgir diferencias entre vosotros sobre cómo gestionar algunas situaciones relacionadas con los hijos, cuándo hablar con ellos o qué es lo mejor para este momento.
A esa preocupación se suma, en muchos casos, la tristeza de sentir que el proyecto familiar tal y como lo habíais imaginado ya no continuará de la misma manera. Es un duelo que también forma parte de la separación y que muchas madres y padres viven con intensidad.
Más allá de las posibles diferencias entre los dos adultos, la mayoría de las madres y padres suelen compartir un mismo deseo: que sus hijos sepan que, aunque la familia esté cambiando, siguen teniendo a su madre y a su padre presentes, disponibles y a su lado siempre que los necesiten.
Qué puede ayudar durante esta convivencia
Poner el bienestar de los hijos en el centro de las decisiones
Cuando la convivencia se vuelve difícil, es fácil que el cansancio, el enfado o las diferencias entre vosotros acaben ocupando mucho espacio. En esos momentos, puede ayudar hacerse una pregunta sencilla: ¿qué decisión protege mejor el bienestar de nuestros hijos?
Eso no significa estar de acuerdo en todo ni renunciar a lo que cada uno necesita. Significa intentar que, siempre que sea posible, las decisiones importantes no estén guiadas únicamente por el conflicto entre vosotros, sino también por el impacto que pueden tener en ellos.
En muchas familias, mantener determinadas rutinas, preservar aquello que todavía puede darles estabilidad o intentar que el cambio tenga el menor impacto posible les ayuda a atravesar esta etapa con más seguridad.
¿Cómo te gustaría que tus hijos recordaran la manera en la que actuaste durante esta etapa?
En medio del cansancio, las conversaciones difíciles o los desacuerdos, es fácil reaccionar desde el dolor o el enfado. Sin embargo, puede ayudar hacerse una pregunta de vez en cuando: ¿cómo me gustaría que mis hijos recordaran la manera en la que actué durante este periodo?
No se trata de hacerlo perfecto ni de no equivocarse nunca. Se trata de intentar que, cuando miren atrás, recuerden a un padre o a una madre que, incluso en uno de los momentos más difíciles de su vida, intentó gestionar esta situación de la mejor forma posible.
Eso puede traducirse en pequeños gestos del día a día: evitar que los hijos se vean atrapados en los conflictos entre los adultos, hablar con respeto del otro progenitor, no hacerles partícipes de conversaciones o problemas que pertenecen al mundo de los adultos y seguir haciéndoles sentir que pueden contar con vosotros y que son lo más importante para ambos.
No olvidarte de ti para atravesar este proceso de la mejor forma posible
Cuando hay hijos, es habitual que gran parte de la energía esté puesta en ellos. Sin embargo, cuidar de ti también forma parte de cuidar este proceso.
Encontrar pequeños espacios para descansar, apoyarte en personas de confianza, retomar alguna actividad que te haga bien o pedir ayuda cuando sientas que la necesitas puede darte más recursos para afrontar esta etapa.
Cuanto mejor consigas sostenerte tú, más capacidad tendrás para acompañarlos también a ellos.
No perder de vista las cualidades que el otro sigue teniendo como padre o madre de tus hijos
Es posible que ahora mismo te cueste muchísimo reconocer algo positivo del otro. Es normal. La relación ha terminado y probablemente hay dolor, enfado o decepción. Sin embargo, intentar diferenciar a tu expareja de su papel como padre o madre de tus hijos puede ayudarte a afrontar muchas situaciones con menos desgaste.
La relación de pareja puede haber terminado, pero la coparentalidad continuará durante muchos años. Por el bienestar de vuestros hijos, y también por el vuestro, intentar que esa relación sea lo más respetuosa posible puede marcar una gran diferencia.
Eso no significa estar de acuerdo en todo, olvidar lo ocurrido o no poner límites cuando sean necesarios. Significa reconocer que, aunque la relación no haya funcionado, esa persona puede seguir teniendo cualidades importantes como padre o madre.
Reconocer aquello que hace bien, aceptar que habrá diferencias en la manera de educar o de hacer las cosas y centrar la energía en aquello que realmente podéis construir como equipo parental puede ayudar a reducir parte del desgaste que suele acompañar esta etapa.
| Reto habitual de esta convivencia | Qué suele ayudar |
|---|---|
| Mantener la rutina delante de los hijos | Acordar pequeños rituales que les den estabilidad y hablar con ellos cuando sea el momento adecuado. |
| Repartir tareas y espacios dentro de casa | Nuevos acuerdos explícitos, revisables con el tiempo, sin esperar que sean perfectos. |
| Ritmos emocionales distintos entre ambos | Reconocer que cada uno vive su propio proceso, sin comparar ni exigir el mismo ritmo al otro. |
| Cuestiones prácticas sin resolver (vivienda, custodia) | Priorizar avanzar en los acuerdos legales y económicos cuanto antes, aunque el resto siga en proceso. |
Tabla resumen de esta etapa de convivencia tras la decisión de separaros.
Cuándo puede ser útil buscar apoyo
Contar con personas cercanas suele ser muy importante durante una separación. Sin embargo, incluso rodeado de gente que te quiere, puede llegar un momento en el que te sientas más confundido que al principio.
Cada persona tiene su propia opinión, su experiencia o su manera de entender lo que deberías hacer. Muchas veces lo hacen con la mejor intención. Otras, intentan decirte aquello que creen que necesitas escuchar. Pero cuando todo el mundo opina, no siempre resulta fácil escuchar qué necesitas realmente tú.
En esos momentos, puede ser útil contar con un espacio diferente y un acompañamiento profesional. Un espacio en el que no tengas que justificar lo que sientes, defender tus decisiones ni adaptarte a las expectativas de los demás. Un lugar donde puedas ordenar tus pensamientos, mirar la situación con más perspectiva y encontrar tus propias respuestas.
Si no sabes muy bien qué tipo de acompañamiento necesitas en este momento de la convivencia, en «¿Cómo puedo ayudarte?» encontrarás las distintas formas en las que puedo acompañarte durante este proceso.
Buscar apoyo profesional no significa que no seas capaz de afrontar esta etapa. Significa reconocer que estás atravesando uno de los momentos más importantes y complejos de tu vida y que no siempre es fácil hacerlo solo.
Pedir ayuda no cambia lo que está ocurriendo. Pero sí puede cambiar la manera en la que atraviesas esta etapa.
Ahora es difícil imaginarlo, pero esta etapa no será para siempre. Poco a poco las cosas irán encontrando su lugar y el peso que hoy sientes no tendrá la misma intensidad con el paso del tiempo.
Si sientes que necesitas un espacio para ordenar lo que estás viviendo, pensar con más claridad y tomar decisiones más alineadas con lo que necesitas, estaré encantada de acompañarte en ese camino.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto se tarda en resolver un divorcio de mutuo acuerdo en España?
Cuando hay acuerdo entre ambas partes, el proceso suele resolverse en unos pocos meses. Un divorcio contencioso, en cambio, puede alargarse considerablemente más. Para los plazos exactos de vuestro caso, conviene consultarlo con un abogado de familia.
¿Es recomendable seguir viviendo juntos por los hijos tras decidir separaros?
No hay una única respuesta correcta: depende de cada familia. Lo que sí ayuda, mientras dure esta etapa, es priorizar su bienestar, mantener cierta estabilidad en las rutinas y evitar que perciban el conflicto entre los adultos.
¿Qué es la custodia compartida y cuándo se aplica?
Es un régimen en el que ambos progenitores comparten de forma equilibrada el tiempo de convivencia y la toma de decisiones sobre los hijos. En España se otorga en cerca de la mitad de los divorcios con hijos, aunque la decisión final depende del acuerdo entre las partes o, en su defecto, de un juez.
¿Cuándo conviene buscar acompañamiento profesional durante esta convivencia?
Cuando sientes que la situación te desborda, que no consigues ordenar tus pensamientos o que el desgaste emocional empieza a afectarte a ti o a tus hijos. No hace falta esperar a que sea insostenible: pedir apoyo antes suele facilitar mucho el proceso.
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